Bakunin- Netchaiev. El Catecismo Revolucionario

El Catecismo Revolucionario, que no debe ser confundido con el “Catecismo de la Fraternidad Internacional” también obra de Bakunin, fue encargado y enviado a Netchaiev por Bakunin. Sus tumultuosas relaciones datan del año 1868.

Si en un principio algunos estudiosos en la materia trataron de negar la autoría de Bakunin, un intento para desmarcar al revolucionario anarquista del nihilista Netchaiev, investigaciones y declaraciones de personas muy cercanas al revolucionario ruso confirmarían la autoría del catecismo a Bakunin (ver la obra de Langhard. “El movimiento anarquista en Suiza”, Berna 1909 y los estudios de Ross, Nettlau y Guillaume).

El “viejo” revolucionario ruso durante el trascurso de su exilio debió tener contactos con un gran número de jóvenes perseguidos políticos rusos de todas las tendencias y personalidades. Bakunin era una visita y referencia obligada para todos los que llegaban a Suiza huyendo de la represión zarista. Netchaiev, más que una visita, resultó ser una epifanía de los más perverso del ser humano. Bakunin escribió lo que Netchaiev quería ver y basándose en las referencias e informaciones que este le suministró. El poder de persuasión del joven revolucionario ruso era tal que rayaba en el hipnotismo (según declaraciones de los guardias rusos detenidos y que le custodiaron en la fortaleza de Pedro y Pablo. Estos, además de integrarse en su grupo, le iban ha facilitar la fuga del presidio)

El auténtico título del documento era el de “Reglas en las que debe inspirarse el revolucionario” y fue publicado por primera vez en España (tras la muerte del dictador) en la publicación impresa de la CASPA (Coordinadora de Apoyo y Solidaridad a los Presos Anarquistas) ¡LIBERTAD! del año 1987. El texto que volvemos a recuperar ha sido traducido del francés al español, utilizando como fuente la biografía de Fritz Brupbacher sobre Bakunin.

El catecismo revolucionario ó para ser más exactos: “Las reglas en las que debe inspirarse el revolucionario” es una traducción de la versión alemana que no difiere en lo esencial de la de Langhard. La revista quincenal “El Contrato Social” en su número de mayo de 1957 ofrece una versión francesa bastante defectuosa, reproduciendo el texto francés donado por Marx en su panfleto “ La Alianza de la Democracia Socialista y la Asociación Internacional de Trabajadores” (1873), posteriormente traducido al alemán y reeditado en 1920. Pero el cronista del “contrato social” exagera cuando dice que el texto del “catecismo” ¡no se puede encontrar en lengua francesa ¡.

En 1930, Hélene Isvolshy en su “Vida de Bakunin” reflejó el texto íntegro traducido del original en ruso. Digamos que este documento es tan poco conocido en Francia como en Alemania y que muchos de los que han hablado de él solo lo conocen de oídas1.

Juan J. Alcalde.

Reglas en las que debe inspirarse el revolucionario

Deberes del revolucionario hacia él mismo

I) El revolucionario es un hombre que ha sacrificado su vida. No tiene negocios ni asuntos personales, ni sentimientos ni ataduras; ni propiedades, ni siquiera un nombre. Todo en él está absorbido por un único interés, exclusivo. Un solo pensamiento, una única pasión: La Revolución

II) En lo más profundo de su ser y no solo con palabras sino también con actos, ha roto todo lazo con el orden burgués y el conjunto del mundo civilizado, así como con leyes, tradiciones, moral y costumbres en vigor en esta sociedad – es el enemigo implacable de esta sociedad y si continúa viviendo en ella es para destruirla mejor-

III) Un revolucionario desprecia cualquier teoría: renuncia a la ciencia actual y la deja para las generaciones futuras. Solo conoce una ciencia: la de la destrucción- con este fín exclusivo estudia mecánica, física, química y ocasionalmente medicina. Con esta meta se entrega día y noche al estudio de las ciencias de la vida: los hombres, su carácter, las relaciones entre ellos así como las condiciones que rigen en todos los campos del orden social actual- La meta es la misma: destruir lo más rápida y seguramente posible esta ignominia que representa el orden universal-

IV) El revolucionario desprecia la opinión pública. Siente desprecio y odio hacia la moral social actual, sus directivas y manifestaciones. Para él lo moral es lo que facilita el triunfo de la revolución – y lo inmoral y criminal lo que lo contraría.

V) El revolucionario ha sacrificado su vida, por lo tanto ya no se pertenece.- No tiene ningún miramiento hacia el Estado, principalmente, ni hacia la “clase cultivada” de la sociedad por lo que no debe esperarlo tampoco. – Entre él y la sociedad un combate a muerte tiene lugar, una lucha abierta o clandestina, sin tregua ni gracia.- Debe estar dispuesto a soportar todos los tormentos-.

VI) El revolucionario, duro consigo mismo, debe serlo con los demás. Simpatías o sentimientos que podrían reblandecerlo y que nacen de la familia, la amistad, el amor o el agradecimiento, deben ser ahogados por la única y fría pasión de la obra revolucionaria. –No existe en él más que un gozo, un consuelo, una recompensa, una satisfacción: el éxito de la Revolución–. Debe tener día y noche un solo pensamiento, una única meta: la destrucción inexorable. Persiguiendo con sangre fría y sin descanso el cumplimiento de ese destino, debe estar dispuesto a morir pero también a matar con sus propias manos a aquellos que se opongan a esa realidad.

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