“Hacia la Conquista del Estado Natural”

“…el Estado sólo ve los ojos de los billetes, dólares para unos pocos y hambre para muchos. El Estado… está ciego para ver la profundidad de los mares, escuchar las voces de los ríos, sentir el parto múltiple, maravilloso de olores multicolores de la madre tierra, el aletear de los pájaros, el canto de las montañas, las voces de los vientos…”

Rayen Kvyeh, poeta y escritora mapuche.

Todo poder tiende a subdividir los aspectos dominados con tal de poder ejercer fácilmente su dominación, este ejercicio de división, amplia las posibilidades de dominación difusa, por parte de quien lo ejerce, ya que oculta relaciones directas entre un tipo de dominación y otra, haciéndolas irreconocibles hasta para sus victimas, quienes encuentran al culpable con diferentes rostros y mascaras, que lo hacen ser “una silueta más, en una noche oscura”, creando una parcelación de espacios o aspectos dominados, logrando que todos los explotados, unidos por el mismo explotador, se crean victimas de diferentes opresiones. Esta característica del poder difuso, propio de esta civilización postmoderna, es la que comúnmente nos hace creer que la raíz de la dominación y explotación de nosotros como especie, es diferente a la misma que se ejerce sobre los demás seres y el resto del planeta, y que la extinción1 de sus espacios vitales o ecosistemas, es un tema ajeno a nuestra especie, y que no tiene injerencia dentro de nuestro proceso de emancipación, haciéndonos creer que al abolir la dominación del hombre por el hombre, los factores que generaron el poder y su jerarquisación, quedaran ajenos a nuestros valores y nuevas formas de vida.

Pero analizando delicadamente este problema cabe preguntarse ¿Tiene acaso la especie humana la libertad de determinar el equilibrio natural del medio en su conjunto, y por consecuencia la libertad de las demás especies?, es mas, ¿No será nuestra especie la que deberá escuchar los consejos del medio natural para determinar su supervivencia y la de los demás seres del planeta?.

Si consideramos nuestros logros y desarrollos técnico / materiales en tiempo humano, y en base a nuestros beneficios y “nuevas libertades” le damos valor universal, podemos caer en grandísimos errores, como considerar la manipulación y explotación del planeta, como un derecho intrínsecamente humano o propio de “los civilizados”, traspasando el tiránico y absolutista “don otorgado por dios”2 a los reyes, a manos de la ciencia, que día a día determina nuestras vidas y entrega herramientas al poder para un control mas sofisticado de nosotros sus esclavos, permitiéndole y permitiéndonos la modificación genética de animales y plantas, contaminación, deforestación, sobrepoblación humana, monocultivo, domesticación de especies y hasta la extinción de las mismas, con la excusa que “nosotros somos los responsables del equilibrio mundial”, que somos “el extremo superior de la cadena alimenticia”, que somos “los únicos seres dotados de inteligencia”, ignorando el tiempo transcurrido con anterioridad a la aparición de nuestra especie, en el cual de forma organizada, la tierra en su conjunto, mantuvo un equilibrio constante, permitiendo la evolución y desarrollo de medioambientes complejos e individuos perfectamente adaptados para su medio circundante.

Es este desarrollo sustentable el que nos plantea interrogantes interesantísimas, ya que al ver nuestra aparición sobre el medio, en edad geológica, no existe argumento alguno que nos permita atribuirnos un “don”, experiencia o característica especial que nos haga poseedores de un derecho que nos permita la dominación o control del medio y sus demás habitantes, es más, encontramos argumentos de esta índole curiosamente en la idea creacionista postulada por la gran mayoría de las religiones jerárquicas, la cual le entrega la dominación total del medio natural y las demás especies que en la tierra habitan, a la ultima de las especies “creadas”, “el hombre”, que al igual que dios “tiene el derecho para señorear por sobre los demás habitantes de la tierra”. Cabe preguntarnos en este caso, si nuestra especie es la especie mas nueva sobre la tierra, y además es la especie que mas se a alejado de su instinto debido a la artificialidad de su vida durante muchísimos siglos, ha modificado su propio medio, perdido capacidades de supervivencia primaria y ha generado una cultura autodestructiva, ¿cómo puede ser esta especie la privilegiada en lo que corresponde a uso del medio natural, si vemos claramente que ha sido la que mas ha olvidado valores y practicas básicas de las que se valen los demás seres del planeta, aun teniendo menor capacidad de intervención en su medio?

Ante estas interrogantes debemos ser sinceros, debemos poner atención en ese antiguo estado del que somos producto, esa organización que permitió la evolución de miles y miles de seres en este planeta, la “biodiversidad”, propiciadora de este equilibrio que ahora estamos destruyendo, manteniendo excusas egoístas e ignorantes, propias de los poderosos e inescrupulosos que día a día nos esclavizan, justificando su actuar en la “fuerza del derecho” y de quienes muchas veces nos hacemos parte por medio de nuestras practicas diarias.

La ignorancia es el arma que a manejado el poder con mas destreza, la que le ha dado mejores resultados, nos han hecho creer que nuestra existencia depende tan solo de nosotros, que nuestra supervivencia como especie, es algo a lo que deben servir todos los demás seres, así como infinitas veces han sido sacrificados los débiles en beneficio de los fuertes, hoy es la tierra y todos los que en ella habitan, los que deben día a día ser sacrificados, esclavizados y torturados por un supuesto “fin superior”, que no es mas que el egoísmo e ignorancia de una especie, que aun siendo portadora de una inteligencia excepcional, actúa ignorando esa inteligencia natural que permitió que miles y miles de años dieran vida a ese ser tan complejo que hoy la destruye, debemos tomar en cuenta ese conocimiento anárquico que surgió mucho antes de que la anarquía fuera conocida, esas palabras que fueron fruto de un acercamiento sincero, sin jerarquías, ni intentos de dominación:

“¿Me pides que are la tierra?. ¿Tomar un cuchillo y desgarrar el pecho de mi madre? Entonces, cuando muera, ella no me acogerá en su seno para descansar.”

Es por eso que hoy, a pesar de nuestras diferencias, debemos entender que somos parte de algo que tiene valor en si mismo, que es la base de nuestras esperanzas y lo mas importante que nos están quitando, que no necesita de nuestro juicio para ser valioso, es más, es tan valioso como cada uno de nosotros, distinto el uno del otro, “seres únicos”, no por gracia de dios, sino por la razón propia de un equilibrio de miles de animales, plantas, minerales, organismos primarios y organismos complejos que en esa “danza milenaria” de re-evolución constante, generaron esta hermosa tierra y sus habitantes, es por eso que debemos levantar el puño en defensa de la tierra, nuestra “Ñuque Mapu”3, recordando a cada guerrero anterior a nosotros, quienes dieron la vida luchando y aun lo siguen haciendo en cada rincón del planeta, donde aun se escucha la voz de la tierra, manteniéndonos firme junto a cada uno de ellos y de cada ser que habita este gran planeta, que como cada uno de nosotros, depende en la misma forma de ese equilibrio, y esta hermosa diversidad, que es la base de nuestra existencia y sustento de nuestras libertades.

Eso nunca lo olvidemos.


1 Extinción entiéndase no solo como una posibilidad natural y propia del proceso evolutivo, sino también como acto de carácter violento, ajeno a procesos naturales y completamente intencional, si es realizado por la intromisión autoritaria del hombre por sobre alguno de los demás habitantes de la tierra.

2 “Sed fecundos y multiplicaos; llenad la tierra; dominad sobre los peces del mar y las aves del cielo y todo ser viviente que camine sobre la tierra” (Génesis. 1, 26-28).

3 Ñuque Mapu: Palabra mapuche que traducido lo mas cercano al español seria “madre tierra”, pero no madre entendido desde la visión patriarcal de mujer pasiva que cuida a su criatura, sino como otorgadora de vida, base de nuestra existencia.


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